JUEGO, LEO Y ESCRIBO

    ¿Qué estrategias desde las didácticas se deben implementar en el desarrollo de los procesos de lectura y escritura?

    La lectura y la escritura son y serán siempre un reto para los maestros formadores de maestros en Escuelas Normales, partiendo principalmente de la orientación en las didácticas de las diferentes áreas, desde las cuales se debe dar pautas y estrategias para que el maestro en formación pueda aplicarlas en su práctica pedagógica e investigativa, fortaleciendo la capacidad de observación y partiendo de lo observado, pasar a la construcción textual que no es más que la semilla fecunda para “la adquisición y generación de los conocimientos científicos y técnicos más avanzados, humanísticos, históricos, sociales, geográficos y estéticos, mediante la apropiación de hábitos intelectuales adecuados para el desarrollo del saber. (Ley 115, Art. 5)

    Debido a la inclinación actual de los niños en edad escolar y de los jóvenes de recurrir a las herramientas tecnológicas para acceder con facilidad a la información, muchas veces se deja de lado la oportunidad de acercamiento a los libros de texto y otros factores como el juego con herramientas concretas que podrían enriquecer muchísimo más sus mentes, pero que conlleva un poco más de esfuerzo; y labrar por su propio medio la construcción del aprendizaje textual, que requiere de la capacidad de ordenar las palabras armónicamente para dar a conocer un significado amplio de una idea general o particular, que permita al lector acercarse a diferentes contextos.

    En el desarrollo integral del niño, surge de la necesidad de adaptarse a su entorno: el niño necesita darle sentido al mundo que lo rodea y se construye a sí mismo en relación a ese mundo. Es aquí donde juega un papel importante el método Montessori, que expresa en el principio básico que ella sostenía, era que el niño necesitaba estímulos y libertad para aprender. El maestro tenía que dejar que el alumno expresara sus gustos, sus preferencias y algo más importante aún, había que dejar que se equivocara y volviera a intentar lo que había iniciado. Montessori insistía en que el rol del maestro dominante había que cambiarlo y dejar que el alumno tuviera un papel más activo y dinámico en el proceso de aprendizaje. (DeVedia, 2007). Se requiere entonces que el maestro estimule al niño, para que este, de forma espontánea encuentre un camino apropiado que le asegure su acercamiento al conocimiento y se interne con interés en el mundo de la lectura y la escritura.

    Muchas veces en las aulas los maestros se encuentran con niños tímidos, dispersos y hasta agresivos que tienen diferentes problemáticas para acercarse al conocimiento y una de las mejores estrategias que pueden implementar para hacer un acompañamiento oportuno, gradual y sistemático es establecer rutinas diarias, donde se integre el juego y la teoría, permitiendo que el estudiante, vaya poco a poco encontrando un lugar protagónico de su formación, adquiriendo así los conocimientos por su interés y disfrute propio y no por la obligación de responder a las exigencias y logros esperados por los padres de familia y los docentes. El proceso de lectoescritura se convertirá así en un espacio ideal en el que el niño exprese con libertad, emociones, sentimientos y pensamientos, aprendiendo a compartir dentro de un contexto determinado con otros actores que, como él, buscan el desarrollo de sus capacidades para ponerlas al servicio de su entorno, mejorando con cada actividad sus aptitudes y actitudes.

    Para la Dra. Montessori todo educador debe "seguir al niño", reconociendo las necesidades evolutivas y características de cada edad, y construyendo un ambiente favorable, tanto físico como espiritual, para dar respuesta a esas necesidades. El desarrollo del niño surge de la necesidad de adaptarse a su entorno: el niño necesita darle sentido al mundo que lo rodea y se construye a sí mismo en relación a ese mundo.(Montessori, 1998, pág. 245). El educador se convertirá un poco, de cierta manera, en niño nuevamente, para disfrutar con sus estudiantes de la etapa de formación en la que se encuentre cada uno, y crecer con ellos, en las aulas, desde el juego de roles, la lectura de hechos y la contextualización oportuna del mundo en el que se encuentran inmersos los dos actores, tanto el docente como el niño.

    Es por ello que el maestro de la Escuela Normal, como formador de otros maestros debe mantenerse informado del acontecer social y espiritual del entorno, tratando que en cada área y especialmente en las didácticas, se refleje el conocimiento, no solo teórico, sino también práctico, que es finalmente este el que han de aplicar los maestros en formación en su práctica pedagógica, arrojando como último resultado un maestro responsable, alegre, capaz de leer realidades y problemáticas y de implementar creativamente soluciones prácticas que desde la escuela, no solo ayuden al niño en su formación integral, sino también a las comunidades. Un maestro que haga un registro sistemático de metas, objetivos y logros de su quehacer docente, descubriendo las fortalezas y debilidades propias y de sus estudiantes, recordando constantemente que para lograr guiar a sus estudiantes, primero debe ser seguidor de maestros.

    Los maestros de las Escuelas Normales deben ser entonces los primeros lectores de cuentos, fábulas, reflexiones y parábolas sobre la vivencia de valores éticos y morales, libros de historia, cultura general, ciencias, matemáticas, música, filosofía, pedagogía, literatura, monografías, noticias deportivas, políticas, religiosas, sociales, económicas, entre otros; y tener los recursos necesarios para entablar con los estudiantes, de cualquier etapa escolar, una conversación profunda sobre un tema propuesto, permitiendo que también desde sus estudiantes compartan sus experiencias como lectores, pero principalmente incentivar la creatividad de ellos, aplicando diferentes herramientas que permitan expresar con libertad y respeto sus ideas, por ejemplo el periódico mural, el diario pedagógico, la crónica escolar, la elaboración y publicación de fábulas, cuentos, poesías, descripción de elementos tan sencillos como la de un juguete o la mascota del hogar.

    El maestro debe acompañar y orientar la construcción textual de los estudiantes y “debe actuar como lector respetuoso con el autor, pidiéndole aclaraciones y explicando qué es lo que no entendemos” (Cassany, D. 1993), para que el autor, en este caso, el estudiante mejore progresivamente en la construcción de textos e intercambie con sus pares los diferentes textos, y así no será solo el maestro quien descubra el mundo fantástico que pueden habitar sus estudiantes, sino que toda una generación de conocimientos será inmortalizada a través de la palabra escrita.

    MARIA ELENA PINEDA
    Docente

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